Reseña ‘El olor de las hojas muertas’ · Entrevista al autor Sergio Moreno

Hace un par de años que conozco a Sergio Moreno y he tenido la oportunidad de leerle en alguna ocasión, sobre todo sus relatos, que siempre me han gustado. Pero lo que he llegado a experimentar con El olor de las hojas muertas ha superado con creces cualquier precedente.

La novela, ambientada en un futuro próximo, en la ciudad de Madrid, crece y se desarrolla ante la amenaza de una serie de… ¿criaturas? Darío, un niño de once años será nuestros ojos en esta aventura donde conoceremos el lado más humano de la supervivencia, del amor, de la protección y del miedo.

No soy una persona fácil de impresionar, lo reconozco. Muchas veces me satisface más el nudo que el desenlace y, aunque sigo encontrando libros que me gustan y que recomiendo gustosamente, ya no disfruto como antes cuando leo. Sin embargo, con esta novela he sentido algo diferente. La delicadeza y dedicación con la que están construidos todos los personajes secundarios llevan al lector a imaginarse posibles desenlaces, empatizar con ellos e incluso considerarlos tan partícipes en la historia como el protagonista.

El olor de las hojas muertas es una novela de ciencia ficción apocalíptica donde el temor a lo desconocido, a la amenaza invisible que azota el planeta no será lo único que te quite el sueño. Además de disfrutar con sus giros inesperados y con la facilidad que tiene Sergio para mantener la tensión en crescendo, he sentido miedo y angustia tan solo por imaginar que podríamos vivir algo así.

Y no es una locura suponerlo. Yo no dejaba de pensar en la cantidad de personas que, de un momento a otro, sin preverlo, ven sus vidas amenazadas por una fuerza contra la que no pueden luchar. ¿Cuántos niños se habrán visto obligados a abandonar sus casas, ajenos a cuanto sucede, para ser testigos de las caretas de la muerte, el miedo y el peligro? ¿Cuántos padres, desesperados, se las ingenian para proteger su inocencia? El cine y la literatura ya narró historias así. Y es que con novelas como esta te das cuenta de que el terror de verdad no se construye añadiendo monstruos ni asesinos; el miedo nace de la inseguridad y del desafío.

Y eso Darío y Sergio lo saben muy bien.

Entrevista al autor

Hay escritores que triunfan a lo largo de su carrera gracias a una o dos novelas que logran atraer al público. Luego están los autores, como Sergio Moreno, que destacan inmediatamente por su agilidad, creatividad y voz propia. Además de El olor de las hojas muertas, Sergio ha publicado una novela de terror, Insomnio y varios relatos, como su antología Susurros de sótano y desván (Scrivere ediciones) o “En las entrañas de la locura”, publicado en el recopilatorio Visiones 2013. Le agradezco de corazón que se haya animado a hacer esta entrevista para que así podáis conocerle un poco mejor y disfrutéis más de la lectura. Empecemos:

Te conozco sobre todo por tus relatos y novelas de terror, sin embargo, El olor de las hojas muertas está catalogada como una obra de ciencia ficción apocalíptica, ¿qué te llevó a realizar ese cambio? ¿Dirías que la ciencia ficción apocalíptica, por definición, comparte muchas características con el género de terror?

La verdad es que no he tenido nada que ver en esa definición… (risas). Fue cosa de Rubén, el editor de Nowevolution, aunque viéndolo en perspectiva creo que no se equivocó. Mientras la escribía nunca me planteé que pudiese encajar en ella, sobre todo porque no soy lector habitual de ciencia ficción, y porque las pinceladas que tiene son mucho más de ficción que de ciencia. Por el propio planteamiento de la novela era inevitable que ciertas cosas tirasen más hacia esa rama, pero para mí siempre fue algo secundario. Lo que me interesaba era crear una buena historia de terror, pero necesitaba que algunas cosas fuesen medianamente verosímiles para que la trama se sostuviese. Supongo que ahí es donde se puede añadir un poco de ciencia a la ficción.
Y en cuanto a la segunda pregunta, creo que todo lo apocalíptico tiene su parte terrorífica, claro. No creo que ninguno de nosotros no sienta al menos un pequeño escalofrío al imaginar el fin del mundo, sea causado por nuestras propias manos o por circunstancias más sobrenaturales.

En el transcurso de la novela aparecen descripciones muy detalladas de algunas calles de Madrid, edificios y paisajes, además de varios datos científicos y curiosidades; ¿cuántas horas de estudio y preparación invertiste en este libro? ¿Descubriste algún detalle relevante durante la investigación que después incluyeras en la novela?

En cuanto a las descripciones de los lugares por los que va pasando Darío a lo largo de la novela, no hubo preparación alguna. Yo mismo vivo muy cerca de donde sucede todo, así que conozco muy bien la zona. Me resultaba una parte de Madrid poco explotada y que ofrecía unas posibilidades adecuadas a lo que quería contar. Sobre todo, la parte del puente de Segovia. Y los datos científicos y curiosidades… Creo que la mayoría están sacados directamente de El libro de los condenados, y los pocos que no lo están apenas requirieron un par de consultas más o menos rápidas en Internet. Salvo el tema de los meteoritos. Para el diálogo que mantienen Vicente e Ignacio en una parte concreta de la novela, además de las especulaciones que hay sobre el incidente, aproveché una visita al museo de Ciencias Naturales de Madrid para comprarme un libro sobre el tema. Me lo leí entero solo para que ambos hablasen sobre ello de un modo que yo nunca hubiese sido capaz, y apenas son dos páginas en total. Una locura. Pero he de reconocer que no soy ni mucho menos alguien que se documente de forma exhaustiva antes de ponerse a escribir. Supongo que por eso siempre vi la novela como terror, y no como ciencia ficción (risas). Y sobre los detalles relevantes, ya estaban todos descubiertos cuando me puse a narrar. Saqué la inmensa mayoría del mismo libro que he mencionado antes.

A lo largo de la trama vamos descubriendo las características y rasgos principales de ciertas criaturas… ¿En qué te inspiraste para describirlas?

Pufff… ¿Puedes creer que apenas lo recuerdo? Hay una de sus características cuya inspiración es más que evidente. Habrá pocas personas a las que les describas una cola acabada en un aguijón de buen tamaño y no piensen en cierto ser con ácido por sangre, pero lo cierto es que quise dotarlas de una característica que no fuese habitual, o al menos que yo no hubiese leído antes. De ahí el nombre que les pone Darío. De todos modos, y es algo que me han comentado muchos lectores, es que la descripción física de estos seres es un tanto ambigua, y es premeditado. No quería imponer mi visión, sino que con un par de pinceladas cada uno lo imaginase a su modo. Me pasa también con los personajes. No creo que haya dos personas que hayan leído el libro y hayan imaginado a Darío con el mismo físico, y eso me encanta, porque es lo que me gusta hacer a mí cuando leo. A no ser que el físico del personaje sea relevante para la historia, ¿por qué imponer una imagen predefinida? Me encanta imaginar a mi modo a cada personaje.

Ya en la biografía que encontramos en las solapas del libro podemos intuir un poco cuáles son tus hábitos de escritura, pero ¿hay alguna imagen, escena o diálogo que siempre tengas en mente al escribir? ¿Sueles incluirlos en tus novelas?

Para nada. Soy lo más caótico que puedas imaginar. Cada historia ha surgido de algo diferente. Insomnio nació a raíz de un sueño de mi mujer. El olor de las hojas muertas, de una frase de El libro de los condenados. Incluso hubo un relato —“Un nombre para mi hermanito”, incluido en Susurros de sótano y desván—, que surgió después de ver por millonésima vez un videoclip de Nirvana: Heart-Shaped Box, para más señas. La inspiración es algo que no busco, aunque sí es cierto que no hay día en que no me siente a escribir. La rutina me ayuda mucho a ver esto como algo serio, aunque no me dé para comer (risas).

También me llamó mucho la atención la personalidad tan marcada que adoptan los personajes secundarios, especialmente la madre y la tía de Darío; ¿qué pautas o trucos sigues a la hora de construir esos personajes? ¿Crees que un escritor debería dedicarles el mismo tiempo y cariño que al protagonista?

Bueno, está claro que en una novela con tan pocos personajes como es El olor de las hojas muertas hay que dotar a los secundarios de una personalidad que llame la atención, aunque para mí no es algo premeditado. La verdad es que construyo los personajes a medida que avanza la historia, no los tengo definidos al cien por cien desde el principio. Supongo que para muchas cosas esto es un inconveniente, como mantener la coherencia de sus actos o su forma de pensar, pero a mí me ayuda a descubrir cómo son y poder dotarlos de capas que de otro modo me quedarían mucho más planas. Con los personajes me pasa como con la trama: si sé cómo van a acabar desde el principio pierdo interés en ellos y acabo por matarlos o eliminarlos directamente de la historia. Y no me da pena ninguna.

sergiomoreno

“Narro las historias que a mí me gustaría leer. Creo que no hay mejor truco para quedar satisfecho con tu trabajo”

Respecto a la otra pregunta, sí creo que los secundarios deben ser tratados de igual a igual con el protagonista. Al fin y al cabo, están ahí para relacionarse con él, para plantearle conflictos o ayudarle. Si no los haces con mimo, ¿no serían meras comparsas? Aunque también es cierto que en esta novela todos los secundarios tienen papeles muy marcados, no son personajes que solo aparezcan un par de veces y no se sepa más de ellos. Hubiese sido imposible crear una historia emotiva para Darío si su familia no hubiese resultado creíble. A nadie le importa lo que les pase a unos personajes sin carisma, ¿verdad?

El olor de las hojas muertas tiene muchas características que podrían atraer a cualquier tipo de lector, siempre y cuando esté ávido de argumentos originales, pero ¿en qué tipo de lectores pensabas mientras escribías?

En ninguno (risas). Escribí esta novela cuando aún no había publicado nada. Un relato, creo, en el Visiones 2013. Escribir para un tipo de lector concreto estará guay para los escritores que vendan un montón de ejemplares y tengan que preocuparse de pagar sus facturas con ellos, pero para alguien que se mueve a mi nivel… Dejémoslo en que cuando la escribí pensaba en lo que pienso siempre cuando encaro un nuevo trabajo: narro las historias que a mí me gustaría leer. Creo que no hay mejor truco para quedar satisfecho con tu trabajo cuando empiezas en esto y aún no tienes a nadie dispuesto a pagar por leerte y darte su opinión (risas). También se trata de pasarlo bien, si no, no tendría mucho sentido.

Para terminar, ¿podrías adelantarnos algo de futuros proyectos en los que estés trabajando?

Espero que 2018 vea publicada una nueva novela que terminé hace tiempo. También sigo trabajando en otra historia en la que me alejo un poco de lo que he venido haciendo hasta ahora. Sigue siendo terror, pero está enfocada de un modo mucho más emocional y me está costando horrores salir de esa zona de confort en la que llevo todos estos años, pero me apetecía probar cosas nuevas. Y aparte de todo esto, sigo con mis relatos, claro. Me gustaría juntar buena parte de los que tengo en otra antología, pero es algo que solo tengo en mente a largo plazo, ya veremos en qué acaba la cosa.
De momento no tengo intención de colgar el teclado (risas), así que me tendréis que seguir aguantando durante un tiempo.

 

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