#Malditos16 en Móstoles

“Y tú, ¿volverías a tener dieciséis años?”
Ali, Dylan, Naima y Rober son cuatro jóvenes que se conocieron en el peor momento de su vida: justo después de querer quitársela. Todos ellos intentaron suicidarse cuando rondaban los dieciséis y ahora, a sus veintipocos, el hospital donde estuvieron internados les propone colaborar en un taller con adolescentes en su misma situación. Acuden con ganas de ser útiles y, a la vez, con miedo de que las grietas se abran y se liberen de nuevo los fantasmas.

Monstruos cotidianos de los que apenas se habla. Vidas invisibles (las suyas y las nuestras) que no protagonizan titulares ni ocupan espacio en los medios. Realidades que no existen porque no se nombran y que, sin embargo, todos compartimos. Y es que, aunque nos empeñemos en negarlo, aquellos #malditos16 siguen viviendo mal el adulto que fingimos ser.

malditos16_marcosgpunto_cdn_07

Foto “puesta en escena” Centro Dramático Nacional

Así reza la sinopsis del libro #malditos16, de Nando López, que tuve la oportunidad de ver representado en el Teatro del Bosque en el municipio de Móstoles (Madrid) el pasado jueves 9 de noviembre.

A la función, además de los representantes del Ayuntamiento, acudieron también los institutos de la zona y FP.

Al margen del comportamiento de algunos alumnos durante la función, que dejó en evidencia a sus docentes y al centro, me gustaría destacar la fabulosa actuación de los profesionales, tanto dentro como fuera del escenario.

La obra, orientada a concienciar y prevenir el suicidio adolescente, comienza con la reunión de todos los protagonistas en el antiguo centro hospitalario donde estuvieron ingresados tras haber intentado suicidarse cuando tenían tan solo 16 años. Dos profesionales del equipo de investigación han querido reunirse con ellos a fin de poder contar con su ayuda para orientar y aconsejar a futuros pacientes. Este encuentro les hará revivir momentos del pasado, heridas que aún no han cicatrizado y les ayudará a contemplar su evolución desde otra perspectiva.

La intensidad de la función se hace evidente desde el primer momento, recalcada por una estupenda puesta en escena. Era evidente que el público, en su mayoría adolescentes del último curso de la ESO y Primero de Bachillerato, se sentían partícipes de todo cuanto ocurría en el escenario. Y eso tan solo se podía conseguir con un excelente guión.

Con esta obra Nando López ha querido concienciar a la población (sobre todo a los propios estudiantes) de una grave epidemia. El suicidio adolesente es una realidad que no ocupa lugar en las portadas de los periódicos ni en los informativos pese a ser la primera causa de muerte entre la población adolescente. En el municipio de Móstoles, sin ir más lejos, «dieciséis chavales se han quitado la vida en lo que va de año» (datos recogidos en abril del 2017). Y son muchos los chicos y chicas de entre trece y diecisiete años que permanecen en centros hospitalarios como el que se representa en la función, intentando recuperarse.

Lejos de presentar esta situación desde un punto de vista morboso o con sentimiento de culpa hacia los chicos, Nando logra narrar una historia cruda y real desde una perspectiva muy humana. Era imposible no sentirse identificado con cada escena y que empatizases con cada personaje, hubieras vivido o no algo parecido. Fueron la puesta en escena, el trabajo de investigación y los monólogos lo que hicieron que el público se emocionase. Tal y como expresaron algunos estudiantes en el coloquio, muchos se habían visto reflejados en los personajes de Ali, Naima Rober o Dylan, y habían sentido «cosas» durante la función porque la historia les hablaba en su misma jerga. No eran adultos hablándoles de sus problemas. Se veían a sí mismos o a sus propios compañeros representados en el escenario.

Creo que es fundamental lograr ese efecto para que el público entienda tu obra. Un tema tan delicado como el que cuenta Nando requiere una cuidadosa atención a los detalles.

Me conmovió ver a muchos de esos alumnos llorar y levantar la mano para contarle al resto su propia experiencia. Es tranquilizador ver las muestras de apoyo que se dedicaban y lo valientes que fueron al hablar. Por momentos así merece la pena cualquier esfuerzo.

 Espero que la obra llegue a más municipios, más comunidades de España y pueda cambiar la vida a más personas.

Gracias.

#Malditos16 Centro Dramático Nacional

REPARTO
Juan de Vera
Andrea Dueso
Guillermo de los Santos
Paula Muñoz
David Tortosa
Rocío Vidal

Comprar entradas

Lista de lecturas #leoautorasoct 2017

Durante el mes de octubre se celebraba el reto #leoautorasoct, en el que cada uno se comprometía a leer novelas, relatos, obras de teatro… etc. escritos por mujeres y hacer una reseña (quien quisiera).

Por falta de tiempo yo no he podido actualizar el blog cada vez que leía un libro, y tampoco podré excederme demasiado en esta entrada, pero no quería dejar pasar la oportunidad sin hablaros de los libros que he leído durante este mes. No sé si será casualidad o no, pero hacía mucho tiempo que no leía tanto en tan poquito tiempo.

16788228_10211927717539186_1963746291_nUna inteligente y compleja crítica al futuro tan desolador que nos espera. Clorofilia de Cristina Jurado es una novela corta publicada por la editorial Cerbero que habla del ser diferente a los demás, ser especial y no saberlo. Una novela de ciencia ficción altamente recomendable, aunque a mi parecer necesita una segunda lectura para sacarle todo el jugo.

16901865_10211927717499185_1950997977_n-600x845Otro libro de la editorial que os recomiendo leer es Domori, de Sofía Rhei. Una novela corta con un argumento más que original y atractivo. A mi parecer, la historia es una oda a la seña de identidad, a la pertenencia a uno u otro pueblo, a las tradiciones y el racismo.
¿Realmente nos comportamos de una forma u otra porque queremos o estamos siendo manipulados?

La-maquina-de-besos-delante-digitalLa máquina de besos me llamó la atención desde el primer momento tanto por su título, que despierta la curiosidad, como por su temática steampunk. Me gustó encontrar en él esa historia de aventuras e intriga.
Estaría bien planteado para un público infantil-juvenil.

OtrosCuentosCrueles

Otros cuentos crueles. Con esta antología de relatos de la escritora Elia Barceló, la editorial Cazador de ratas estrena su colección “pequeño formato” con la que pretenden dar visibilidad a las obras de corta extensión.

descargaHacía mucho tiempo que tenía pendiente leer este libro. Donde el corazón te lleve es una novela epistolar verdaderamente íntima y sentimental. Es imposible no sentirse conmovido por el tono, el lenguaje y las imágenes que transmite Susanna Tamaro.

imagesCon esta antología de relatos, Covadonga González-Pola nos presenta una perspectiva de los cuentos clásicos adaptados por Walt Disney en la que las princesas ya no serán los personajes sumisos a los que estamos acostumbrados. Las niñas ya no quieren ser princesas presenta una crítica a los roles masculinos o femeninos que el cine, la literatura y las tradiciones nos han estado imponiendo. Con sus historias, el lector aprenderá que los argumentos son mejores cuando las mujeres rompen las cadenas y son como ellas realmente quieren ser.

1-546d867d4d

 

 

En esta novela realista, ambientada en la España rural de Navarra, nos encontramos con Muriel, una joven maestra que, tras acabar la carrera, es destinada a un pueblo. De pronto siente que sus sueños y su perspectiva de futuro le han sido arrebatados. Aun así, Muriel decide viajar hasta Beirechea para dar clase a esos niños, saliendo así de su zona de confort y descubriendo un mundo y una perspectiva que jamás hubiese conocido. Poco a poco, Muriel comprenderá que un maestro no solo tiene la misión de educar, sino también de aprender.

Reseña ‘El olor de las hojas muertas’ · Entrevista al autor Sergio Moreno

Hace un par de años que conozco a Sergio Moreno y he tenido la oportunidad de leerle en alguna ocasión, sobre todo sus relatos, que siempre me han gustado. Pero lo que he llegado a experimentar con El olor de las hojas muertas ha superado con creces cualquier precedente.

La novela, ambientada en un futuro próximo, en la ciudad de Madrid, crece y se desarrolla ante la amenaza de una serie de… ¿criaturas? Darío, un niño de once años será nuestros ojos en esta aventura donde conoceremos el lado más humano de la supervivencia, del amor, de la protección y del miedo.

No soy una persona fácil de impresionar, lo reconozco. Muchas veces me satisface más el nudo que el desenlace y, aunque sigo encontrando libros que me gustan y que recomiendo gustosamente, ya no disfruto como antes cuando leo. Sin embargo, con esta novela he sentido algo diferente. La delicadeza y dedicación con la que están construidos todos los personajes secundarios llevan al lector a imaginarse posibles desenlaces, empatizar con ellos e incluso considerarlos tan partícipes en la historia como el protagonista.

El olor de las hojas muertas es una novela de ciencia ficción apocalíptica donde el temor a lo desconocido, a la amenaza invisible que azota el planeta no será lo único que te quite el sueño. Además de disfrutar con sus giros inesperados y con la facilidad que tiene Sergio para mantener la tensión en crescendo, he sentido miedo y angustia tan solo por imaginar que podríamos vivir algo así.

Y no es una locura suponerlo. Yo no dejaba de pensar en la cantidad de personas que, de un momento a otro, sin preverlo, ven sus vidas amenazadas por una fuerza contra la que no pueden luchar. ¿Cuántos niños se habrán visto obligados a abandonar sus casas, ajenos a cuanto sucede, para ser testigos de las caretas de la muerte, el miedo y el peligro? ¿Cuántos padres, desesperados, se las ingenian para proteger su inocencia? El cine y la literatura ya narró historias así. Y es que con novelas como esta te das cuenta de que el terror de verdad no se construye añadiendo monstruos ni asesinos; el miedo nace de la inseguridad y del desafío.

Y eso Darío y Sergio lo saben muy bien.

Entrevista al autor

Hay escritores que triunfan a lo largo de su carrera gracias a una o dos novelas que logran atraer al público. Luego están los autores, como Sergio Moreno, que destacan inmediatamente por su agilidad, creatividad y voz propia. Además de El olor de las hojas muertas, Sergio ha publicado una novela de terror, Insomnio y varios relatos, como su antología Susurros de sótano y desván (Scrivere ediciones) o “En las entrañas de la locura”, publicado en el recopilatorio Visiones 2013. Le agradezco de corazón que se haya animado a hacer esta entrevista para que así podáis conocerle un poco mejor y disfrutéis más de la lectura. Empecemos:

Te conozco sobre todo por tus relatos y novelas de terror, sin embargo, El olor de las hojas muertas está catalogada como una obra de ciencia ficción apocalíptica, ¿qué te llevó a realizar ese cambio? ¿Dirías que la ciencia ficción apocalíptica, por definición, comparte muchas características con el género de terror?

La verdad es que no he tenido nada que ver en esa definición… (risas). Fue cosa de Rubén, el editor de Nowevolution, aunque viéndolo en perspectiva creo que no se equivocó. Mientras la escribía nunca me planteé que pudiese encajar en ella, sobre todo porque no soy lector habitual de ciencia ficción, y porque las pinceladas que tiene son mucho más de ficción que de ciencia. Por el propio planteamiento de la novela era inevitable que ciertas cosas tirasen más hacia esa rama, pero para mí siempre fue algo secundario. Lo que me interesaba era crear una buena historia de terror, pero necesitaba que algunas cosas fuesen medianamente verosímiles para que la trama se sostuviese. Supongo que ahí es donde se puede añadir un poco de ciencia a la ficción.
Y en cuanto a la segunda pregunta, creo que todo lo apocalíptico tiene su parte terrorífica, claro. No creo que ninguno de nosotros no sienta al menos un pequeño escalofrío al imaginar el fin del mundo, sea causado por nuestras propias manos o por circunstancias más sobrenaturales.

En el transcurso de la novela aparecen descripciones muy detalladas de algunas calles de Madrid, edificios y paisajes, además de varios datos científicos y curiosidades; ¿cuántas horas de estudio y preparación invertiste en este libro? ¿Descubriste algún detalle relevante durante la investigación que después incluyeras en la novela?

En cuanto a las descripciones de los lugares por los que va pasando Darío a lo largo de la novela, no hubo preparación alguna. Yo mismo vivo muy cerca de donde sucede todo, así que conozco muy bien la zona. Me resultaba una parte de Madrid poco explotada y que ofrecía unas posibilidades adecuadas a lo que quería contar. Sobre todo, la parte del puente de Segovia. Y los datos científicos y curiosidades… Creo que la mayoría están sacados directamente de El libro de los condenados, y los pocos que no lo están apenas requirieron un par de consultas más o menos rápidas en Internet. Salvo el tema de los meteoritos. Para el diálogo que mantienen Vicente e Ignacio en una parte concreta de la novela, además de las especulaciones que hay sobre el incidente, aproveché una visita al museo de Ciencias Naturales de Madrid para comprarme un libro sobre el tema. Me lo leí entero solo para que ambos hablasen sobre ello de un modo que yo nunca hubiese sido capaz, y apenas son dos páginas en total. Una locura. Pero he de reconocer que no soy ni mucho menos alguien que se documente de forma exhaustiva antes de ponerse a escribir. Supongo que por eso siempre vi la novela como terror, y no como ciencia ficción (risas). Y sobre los detalles relevantes, ya estaban todos descubiertos cuando me puse a narrar. Saqué la inmensa mayoría del mismo libro que he mencionado antes.

A lo largo de la trama vamos descubriendo las características y rasgos principales de ciertas criaturas… ¿En qué te inspiraste para describirlas?

Pufff… ¿Puedes creer que apenas lo recuerdo? Hay una de sus características cuya inspiración es más que evidente. Habrá pocas personas a las que les describas una cola acabada en un aguijón de buen tamaño y no piensen en cierto ser con ácido por sangre, pero lo cierto es que quise dotarlas de una característica que no fuese habitual, o al menos que yo no hubiese leído antes. De ahí el nombre que les pone Darío. De todos modos, y es algo que me han comentado muchos lectores, es que la descripción física de estos seres es un tanto ambigua, y es premeditado. No quería imponer mi visión, sino que con un par de pinceladas cada uno lo imaginase a su modo. Me pasa también con los personajes. No creo que haya dos personas que hayan leído el libro y hayan imaginado a Darío con el mismo físico, y eso me encanta, porque es lo que me gusta hacer a mí cuando leo. A no ser que el físico del personaje sea relevante para la historia, ¿por qué imponer una imagen predefinida? Me encanta imaginar a mi modo a cada personaje.

Ya en la biografía que encontramos en las solapas del libro podemos intuir un poco cuáles son tus hábitos de escritura, pero ¿hay alguna imagen, escena o diálogo que siempre tengas en mente al escribir? ¿Sueles incluirlos en tus novelas?

Para nada. Soy lo más caótico que puedas imaginar. Cada historia ha surgido de algo diferente. Insomnio nació a raíz de un sueño de mi mujer. El olor de las hojas muertas, de una frase de El libro de los condenados. Incluso hubo un relato —“Un nombre para mi hermanito”, incluido en Susurros de sótano y desván—, que surgió después de ver por millonésima vez un videoclip de Nirvana: Heart-Shaped Box, para más señas. La inspiración es algo que no busco, aunque sí es cierto que no hay día en que no me siente a escribir. La rutina me ayuda mucho a ver esto como algo serio, aunque no me dé para comer (risas).

También me llamó mucho la atención la personalidad tan marcada que adoptan los personajes secundarios, especialmente la madre y la tía de Darío; ¿qué pautas o trucos sigues a la hora de construir esos personajes? ¿Crees que un escritor debería dedicarles el mismo tiempo y cariño que al protagonista?

Bueno, está claro que en una novela con tan pocos personajes como es El olor de las hojas muertas hay que dotar a los secundarios de una personalidad que llame la atención, aunque para mí no es algo premeditado. La verdad es que construyo los personajes a medida que avanza la historia, no los tengo definidos al cien por cien desde el principio. Supongo que para muchas cosas esto es un inconveniente, como mantener la coherencia de sus actos o su forma de pensar, pero a mí me ayuda a descubrir cómo son y poder dotarlos de capas que de otro modo me quedarían mucho más planas. Con los personajes me pasa como con la trama: si sé cómo van a acabar desde el principio pierdo interés en ellos y acabo por matarlos o eliminarlos directamente de la historia. Y no me da pena ninguna.

sergiomoreno

“Narro las historias que a mí me gustaría leer. Creo que no hay mejor truco para quedar satisfecho con tu trabajo”

Respecto a la otra pregunta, sí creo que los secundarios deben ser tratados de igual a igual con el protagonista. Al fin y al cabo, están ahí para relacionarse con él, para plantearle conflictos o ayudarle. Si no los haces con mimo, ¿no serían meras comparsas? Aunque también es cierto que en esta novela todos los secundarios tienen papeles muy marcados, no son personajes que solo aparezcan un par de veces y no se sepa más de ellos. Hubiese sido imposible crear una historia emotiva para Darío si su familia no hubiese resultado creíble. A nadie le importa lo que les pase a unos personajes sin carisma, ¿verdad?

El olor de las hojas muertas tiene muchas características que podrían atraer a cualquier tipo de lector, siempre y cuando esté ávido de argumentos originales, pero ¿en qué tipo de lectores pensabas mientras escribías?

En ninguno (risas). Escribí esta novela cuando aún no había publicado nada. Un relato, creo, en el Visiones 2013. Escribir para un tipo de lector concreto estará guay para los escritores que vendan un montón de ejemplares y tengan que preocuparse de pagar sus facturas con ellos, pero para alguien que se mueve a mi nivel… Dejémoslo en que cuando la escribí pensaba en lo que pienso siempre cuando encaro un nuevo trabajo: narro las historias que a mí me gustaría leer. Creo que no hay mejor truco para quedar satisfecho con tu trabajo cuando empiezas en esto y aún no tienes a nadie dispuesto a pagar por leerte y darte su opinión (risas). También se trata de pasarlo bien, si no, no tendría mucho sentido.

Para terminar, ¿podrías adelantarnos algo de futuros proyectos en los que estés trabajando?

Espero que 2018 vea publicada una nueva novela que terminé hace tiempo. También sigo trabajando en otra historia en la que me alejo un poco de lo que he venido haciendo hasta ahora. Sigue siendo terror, pero está enfocada de un modo mucho más emocional y me está costando horrores salir de esa zona de confort en la que llevo todos estos años, pero me apetecía probar cosas nuevas. Y aparte de todo esto, sigo con mis relatos, claro. Me gustaría juntar buena parte de los que tengo en otra antología, pero es algo que solo tengo en mente a largo plazo, ya veremos en qué acaba la cosa.
De momento no tengo intención de colgar el teclado (risas), así que me tendréis que seguir aguantando durante un tiempo.

 

Si quieres saber más:

Reseña en Twitter
Facebook
Blog de Sergio Moreno

Un regalo que no esperabas

Siguiendo sus propias tradiciones, la editorial Alfaguara vuelve a vestir la portada de la última novela de Daniel Glattauer con un tono azul. Sin embargo, el escritor que cautivó a los lectores con su best seller Contra el viento del norte en esta ocasión se aleja del drama romántico y nos brinda una novela distinta, una “aventura social” protagonizada por Gerold Plassek y su recién estrenado hijo de catorce años, Manuel: Un regalo que no esperabas; ambientada en Austria y basada en una historia real.

Lo más probable cuando lees a un autor al que consideras un maestro con los “sentimientos artificiales” (entiéndase por esto los sentimientos de sus propios personajes), es que la nueva novela no te guste tanto como la anterior. Es inevitable esperar que se supere a sí mismo.

Sin embargo, aunque al principio pensaba que me iba a decepcionar, Glattauer vuelve a demostrar que no es necesario contar grandes cosas para construir una novela bella, de calidad e infinitamente humana.

El humor desenfadado, irónico e inteligente que tanto ha caracterizado a sus personajes vuelve a destacar en la personalidad de Gerold Plassek, quien se ve a sí mismo como un hombre sencillo que no tiene demasiadas aspiraciones. La cadena de sucesos “casuales” en la que se desarrolla la historia no es más que una manifestación de la sencillez e inteligencia con la que escribe este autor. Una demostración de que la vida, las cosas cotidianas y los sentimientos más plásticos son la auténtica literatura.

Glattauer vuelve a demostrar que no es necesario contar grandes cosas para construir una novela bella, de calidad e infinitamente humana.

Al compás del misterio que envuelve al donante anónimo, Gerold tendrá que superar su propios miedos y enfrentarse a la adolescencia de su hija Florentina, con quien hasta entonces no había tenido demasiada relación; la motivación de su hijo Manuel, a quien todavía no le ha confesado su verdadera identidad; y la presión que siente en un trabajo donde no se valora la humanidad harán que Gerold rompa con las correas e intente mejorar su vida.

Lejos de convertirse en una novela de thiller emocional con algunos momentos románticos muy forzados, Un regalo que no esperabas resume en 273 páginas lo que realmente simbolizan las pequeñas cosas de la vida. De una manera u otra todos los personajes de esta historia (hasta los que no entran en acción) recibirán un regalo inesperado. Puede que a algunos les toque algo material, como las donaciones que parecen estar íntimamente relacionadas con los artículos de Plassek; pero la gran mayoría recibirá un cambio en su vida, una segunda oportunidad.

Y esta serie de regalos Gerold los aprovechará, consciente o incoscientemente, para satisfacer a su hijo Manuel, conquistar a Rebeca y ganarse la confianza de Florentina. Todo eso mientras trata de convertirse en un hombre mejor y hacer lo que cree más justo.

No quiero desvelar el desenlace de esta novela, sólo resaltar en mi crítica la elegancia que posee Glattauer para hacer reflexionar al lector sin necesitar que su argumento hable explícitamente sobre el tema que plantea.

Sin embargo, si algo tuviera que resaltar negativo sobre este libro sería la cantidad de erratas que he encontrado. Así que desde aquí le pego un tirón de orejas a la editorial y me remango para abordar la siguiente lectura de Glattauer con muchas ganas.

Páramos lejanos

Cuando te encuentras con una novela que muestra una sinopsis así, lo primero que piensas es que el protagonista, Oriol, se va a convertir en el héroe de todas las aventuras que vivirá en el futuro. Acostumbrados como estamos a las novelas de fantasía épica, donde toda la acción recae sobre un mismo personaje, solemos pasar por alto la importancia que tiene el entorno en el transcurso de la historia. Pero en esta ocasión, la verdadera protagonista es, sin duda, la ciudad de Barcelona que se ve envuelta en la mayor revolución que podría haber originado la madre Tierra.
En las últimas décadas, dentro del género de la ciencia ficción, han brotado un sinfín de ambientaciones y estéticas retrofuturistas que han logrado enriquecer y mejorar nuestra literatura. De esta manera vimos cómo brotaban en nuestro huerto literario el Steampunk, el Clocpunk, el Dieselpunk, etc. Todas estas estéticas tenían un objetivo en común: mostrarnos una visión alternativa del pasado.
Pero al margen de todas estas ambientaciones retrofuturistas ha ido creciendo en los últimos años una estética mucho más verde y pacifista de la que ahora empezamos a hacer gala: el Greenpunk. Esta ambientación futurista, de la que se podrían beneficiar tanto el realismo como la fantasía, tiene como objetivo presentar al lector una posible evolución de nuestra sociedad hacia un camino ecológico y respetable con el medio ambiente. De esta manera, la Naturaleza recuperar su papel predominante y somete el avance de la civilización ahogando toda su destrucción con su aliento verde.

La novela de Josué Ramos, Páramos lejanos, nos presenta por primera vez en España la visión más clásica de este subgénero; el Greenpunk.

Aprovechándose de los saltos físicos en el espacio-tiempo, el autor nos conduce a una versión muy diferente de Barcelona. Ahí la civilización ha cambiado radicalmente y las tribus que habitan viven de acuerdo a las leyes naturales. Oriol tendrá que habituarse a su nueva situación mientras busca la manera de salvar el mundo del que proviene. Allí conocerá a Aliss, a Gren, a Isbel y a Araklaj, quienes interpretarán un papel decisivo en el transcurso de la historia y en el futuro de toda la ciudad.

A pesar de que el hilo esquemático de la novela es un salto en el tiempo lineal, Josué logra mostrarnos las ironías del tiempo a través de las telas de araña que han inundado Barcelona, las huellas que dejan los caracoles en la arena o las preciosas alas de mariposa. Siempre sirviéndose de la magia de la Naturaleza. Páramos lejanos es, sin duda, un rápido vistazo al futuro de nuestro tiempo. Un objetivo claro que, si nos lo proponemos, no tardaremos en conseguir.

Frankenstein

En el desapacible verano de 1816, cerca de Ginebra, un grupo de viajeros ingleses entretenía las lluviosas tardes alpinas leyendo relatos de terror en la famosa villa Diodati. Los poetas lord Byron y Percy B. Shelley, junto con sus jóvenes amantes, se entregaron a un juego literario que consistía en idear el cuento más espantoso que se pudiera imaginar. Ninguno de los presentes logró completar un buen relato… salvo la joven amante de Shelley. Aquella noche, Mary Wollstonecraft, con apenas dieciocho años, concibió una historia aterradora y maravillosa: Frankestein.

Desde su publicación en 1818, Frankestein asombró al mundo y en pocos años adquirió la categoría de “mito moderno”. A caballo entre la novela gótica y el relato filosófico, la historia del soberbio científico y su monstruosa creación ha apasionado a varias generaciones de lectores.

Hace muchos años que tenía en mente leer el famoso relato Frankenstein. Por suerte, no tiene nada que ver con la turbia imagen que nos ha regalado el cine.

Esta obra, escrita por una joven de apenas veinte años, se ha convertido en todo un referente de la literatura británica del siglo XIX. En ella se puede apreciar la soltura literaria de Mary Shelley, su intenso amor por el conocimiento y, por qué no, su envidiable imaginación.

La historia de Frankenstein se divide en dos partes principales, contadas desde tres puntos de vista: Victor Frankenstein, el monstruo y un hombre que tiene la suerte o desventura de toparse con ellos.

Este libro es una auténtica obra de arte que no he logrado apreciar en su totalidad hasta que no lo he terminado por completo. Se trata de una alusión a la muerte disfrazándola de creación, como un método de evasión en el que la autora libera sus males. Frankenstein parece un relato de terror porque ningún escritor puede plasmar algo sobre el papel si no ha sufrido por ello.

El terror es una carga energética que sobrecoge nuestra psique y hace arder a la imaginación tornándola en imágenes grotescas y espeluznantes, que no hacen otra cosa que disfrazar nuestros sentimientos. Ningún autor que se precie puede contar algo si no tiene miedo. Pero, en realidad, este libro es una llamada de atención, una crítica de la sociedad y una búsqueda de la verdad sobre la identidad humana. Un grito de socorro en el que Mary Shelley expone la muerte como la ausencia de amor, el deterioro del espíritu ante la carencia de apego; nos da un relato en el que sus personajes mueren cuando dejan de amar, donde la falta de ese sentimiento es la que lo mueve todo.

Mary Shelley nos está mostrando su miedo a la soledad.

El relato de Frankenstein o El moderno Prometeo es una fábula, una manifestación del alma de Mary Shelley que logra exponer las maravillas de la mente humana y su naturaleza más perversa, como si de comida en la mesa se tratase.

La historia de cómo surgió esta idea en la mente de la autora parece casi una metáfora del propio libro, como una alusión a las musas que aparecen cuando nadie las busca, como esa idea que rebota en la frente y germina en el cerebro. La reunión de amigos en villa Diodati, entre los que se encontraban lord Byron y su médico personal: William Polidori, Percy Shelley, su futuro marido, y su hermana Mary Jane Clairmont, entre otros, derivó en la absurda propuesta de redactar, de manera individual, una historia de terror para pasar aquel “verano húmedo y desapacible”. Según las declaraciones de la autora, fue una conversación entre lord Byron y Percy Shelley sobre el principio de la vida y las posibilidades de reanimación tras la muerte lo que le inspiró para crear al monstruo. Encerrada en su alcoba, ella se imaginó a un joven científico postrado sobre su obra, contemplando con horror el resultado mientras se lamentaba por haberlo intentado siquiera. Como el autor que se tortura con su trabajo porque las musas no vuelan lo suficientemente rápido y porque el producto resultante no es el deseado, Mary Shelley expuso aquellos sentimientos, creando a un personaje que huye espantado de su creación y le da la espalda.

Para ella escribir es cultivar vida en el pensamiento, dotar a un ser inerte de identidad y eso, en realidad, solo está al alcance de unos pocos. El dolor que le ocasionó la perdida de sus dos hijos poco antes de aquel verano de 1816 fue el detonante de esta historia. Mary Shelley protege su alma de dicha tortura disfrazando sus sentimientos en forma de cuento y dotando a Victor Frankenstein, su alter ego, con el don de la creación.

No alcanzo a imaginar cómo puede ser el sufrimiento de una madre que ve morir a su hijo sin poder hacer nada por evitarlo, pero puedo hacerme a la idea de cómo surge esa la necesidad de devolverlo a la vida, de poder crear con las manos lo que su vientre no supo hacer. La reacción de Victor Frankenstein al ver al monstruo tan solo es el reflejo de su propio miedo; una respuesta de la conciencia que quiere huir del recuerdo y alejarse de aquello que tanto anhela, contemplándolo como algo horrendo y arriesgado. El personaje de Frankenstein encarna la idea divina de crear vida y de decidir sobre la muerte, algo que solo le pertenece a Dios. Por ello, este libro defiende la idea de que jugar con las leyes de la Naturaleza solo trae problemas y desdichas para quien las incumple.

En la introducción del libro también se habla del personaje de Víctor como la personificación de Dios, representándolo como un ser humanizado y capaz de cometer errores, que se ve abrumado por el resultado de su obra. -Abrumado, en realidad, por los actos del ser humano, el cual no causa mas que dolor allá por donde pase. Es un ser horrendo y desagradable que nadie, en cualquier rincón del Paraíso, va a querer tener cerca.- Sin embargo, yo creo que esto no es más que una metáfora que recalca la capacidad de la mujer de dar vida, en la cual, de manera inconsciente, la autora exhibe el miedo que siente de sí misma y su profundo deseo de ser madre.

En el libro, también se presentan algunas fases relevantes del mito de la creación y varias similitudes. Por ejemplo: Dios, crea al hombre para que viva en su mundo y para que disfrute de todas las maravillas que tiene preparadas para él. Pero el ser humano es caprichoso y orgulloso y quiere tener a alguien de su misma especie, pues siente que si no, no encajará en el entorno. De esta manera, Dios le crea a la mujer, siguiendo el esquema de su propio procedimiento. Esto mismo hace Frankenstein con el monstruo, el cual le sugiere que, para no hacerle sentir tan desdichado, él, como su creador, tiene el deber de otorgarle una compañera.

Por otra parte, el personaje del monstruo engloba las facultades más profundas y sinceras del ser humano creando con ello un personaje redondo, alterable, que va evolucionando según se desarrolla la trama. Al comienzo tenemos un ser amable, generoso y de bondad innata que se ve excluido por su aspecto físico. Primero por parte de su creador, Dios, y después por sus iguales. Una concisa demostración de que la sociedad hace al monstruo y que el ser humano es tan solo un reflejo de su entorno. El monstruo aprende y crece en este nuevo mundo rodeado de dolor, y esto hace que se convierta en un ser cruel y despreciable. De esta forma, Mary Shelley nos demuestra que la bondad del hombre es innata, y que cualquier atisbo de maldad solo es una máscara para esconder el miedo, un grito de socorro ante un mundo que nos da la espalda.

Contra el viento del norte

No soy una gran seguidora de las novelas de amor, y menos de aquellas eróticas que acaban transformando los sentimientos en posturas y encuentros casuales sin más objetivo que calentar la imaginación y vender más o menos ejemplares. Los pocos títulos de género romántico que tengo en casa hacen referencia a novelas donde el dolor y la pasión son sinónimos. Novelas que podrían ser fieles a la vida real.
Anoche, en un último impulso por aprovechar las pocas horas del día que me quedaban, decidí leer uno de esos libros que tengo guardados desde Dios sabe cuándo y que alguna vez he hojeado sin mucho entusiasmo. En esta ocasión le llegó el turno a Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer.
En plena era de la tecnología, donde las redes sociales nos permiten mantener el anonimato hasta limites insospechados, la única manera de encontrar un amor desesperado, correspondido, satisfacer nuestras fantasías sexuales y dejar volar la imaginación parece ser visitar de vez en cuando un chat, seleccionar el nick adecuado y comenzar a recrear esas escenas de sexo salvaje que tan populares se han vuelto entre el género romántico. Pero esos encuentros, a pesar de su propósito, carecen de cualquier atisbo de amor, de magia y erotismo. En las citas virtuales el destino ni existe ni se le espera. No hay oportunidad de conocerse mejor, e incluso, a veces, uno se olvida de que la persona con quien está chateando es también un ser humano, y se limita a contestar de manera casi automática la sarta de preguntas y propuestas que lee en la pantalla sin cuestionarse, ni por asomo, quién las está escribiendo. Me parece, por lo tanto, un encuentro muy egoísta.
Pero cuando el destino actúa salvajemente para interrumpir la rutina de dos personas y les hace encontrarse aun sin salir de casa; cuando, por error, tu cerebro obliga a tus dedos a teclear mal la palabra “Like” cuando quieres darte de baja en una revista, y en lugar de ello tecleas “Leike”; justo entonces, tu vida, tu integridad y la percepción que tienes del amor cambiarán para siempre.
Emmi recibe como respuesta a su mensaje una educada corrección del señor Leo Leike informándole de que aquella cuenta de correo a la que escribe no se corresponde con ninguna revista, si no con su dirección personal. Amablemente, Emmi se disculpa y se despide. Ahí parece que acaba todo, pero un tiempo después, Leo vuelve a recibir otro correo (por error) de la propia Emmi. Poco a poco, correspondencia a correspondencia, los dos usuarios empiezan a entablar una conversación que cada vez se volverá más íntima. Y digo intima porque el anonimato que ambos mantienen les permite conocerse desde dentro hacia afuera, dejar a un lado las diferencias, los gustos personales sobre el físico que pudiera tener (o no) el otro; y se limitan a profundizar en su mente, a leer entre líneas la personalidad de cada uno. Un detalle insignificante que nos parece casi imposible; nadie puede sentir cierta atracción por una persona sin conocerla, sin haberla visto y sin haber hablado con ella. Pero, ¿de verdad no habéis vivido nada parecido?

Esta novela te permite ser testigo de cómo los sentimientos pueden surgir de la nada, cómo la casualidad, o el destino, te hacen permanecer al lado de la persona adecuada sin importar el cómo. Llega un momento en el que ambos son capaces de contestarse cualquier cosa con tal de mantener prendida esa conexión que les une. Ninguno quiere realmente dejar de hablar, aunque se lo propongan varias veces. Y si eso no es amor, no sé entonces qué es.

Lo realmente bello de esta novela, además de la experiencia que viven los personajes, es que a cualquiera de nosotros puede pasar por algo semejante en cualquier momento. No es una historia de amor en el que la mujer, tras haber estado llorando y sufriendo en silencio por una relación imposible, se detiene en mitad de la calle, se limpia las lágrimas, se da cuenta de que el amor que siente por su amante es lo único que importa y vuelve para recuperarle. No. En esta novela no hay acciones injustificadas, todo tiene su razonamiento. Los personajes son tan reales, tan humanos, que el lector, a pesar de tener acceso tan solo a sus correos electrónicos, es capaz de imaginarse cada escena, sufrir y formar parte de esos encuentros clandestinos, como si, por capricho del destino, hubiera desvelado un gran secreto. Llega un momento en el que realmente sientes que formas parte de esa historia y dudas sobre si alguna vivirás algo parecido. Al leer los mensajes entre Leo y Emmi te entran ganas de enamorarte, de volver a sentir la rabia y las ganas de comerte el mundo. Sabes que eres capaz de hacer cualquier cosa.
Da miedo plantearse que nuestro subconsciente sea capaz de localizar a ese alguien en cualquier parte del mundo, esa persona que nos corresponde, y hacer lo que sea necesario para acercarnos a él/ella. Realmente, lo que mantiene unidos a Leo y a Emmi no son las conversaciones que comparten por correo electrónico, si no la conexión que surgió desde el primer momento. Ambos sienten la necesidad de continuar en contacto, ninguno es capaz de cortar la relación aun sabiendo que, probablemente, no les lleve a ninguna parte. Ese sentimiento inexplicable que aparece cuando te encuentras cerca de una persona especial, de alguien que se va a convertir en un signo de admiración en tu vida. Y a pesar de no conocer nada de esa otra persona, permaneces inquieto y ausente, pensando por qué no puedes dejar de pensar en ella. Intentas buscarle una explicación lógica a la invasión que ha hecho en tu mente. Una invasión que, en este caso, solo puede materializarse con unas palabras sin rostro y una imagen sin voz que les acompaña en cada momento del día.
Fuera de esas conversaciones, cada cual tiene su propia vida, sus problemas y una identidad que les convierte en seres humanos. Ambos, en esos encuentros, se demuestran el uno al otro que son personas, no meras palabras que brotan en las pantallas de sus respectivos ordenadores y acumulan mensajes en su bandeja de entrada. Emmi está “felizmente casa” mientras que Leo acaba de sufrir un duro desengaño amoroso. Ese conflicto interno que sienten los dos protagonistas, se verá cercado por la necesidad de encontrarse en persona. Al parecer, el anonimato que nos brindan las redes sociales pierde su sentido cuando los sentimientos surgen de forma inesperada y aparece esa necesidad de atribuirle una imagen a las palabras. El deseo de conocerse en persona, de verse, tocarse, olerse, escucharse y besarse aparece y desaparece a medida que su relación se torna más cercana. Los celos de su marido, su vida familiar y la situación de peligro que sufre su matrimonio hará que Emmi se muestre reacia a conocer a Leo, ese hombre que le hace olvidar la rutina de su día a día y le ayuda a conocerse mejor a sí misma. Por otra parte, el filo de la muerte que ha dañado a su familia, la pronta ruptura con la mujer de su vida y la necesidad de no sentirse solo, hará que Leo quiera, desespere, por sentir a Emmi aún más cerca. Esa dependencia que ambos tienen por sus mensajes, al final, cuando parece que su atracción se ha hecho evidente, solo podrá desembocar en tres cosas: 1) dejar de hablarse, romper con la relación que tienen y mantener tan solo un bonito recuerdo; 2) continuar conversando indefinidamente y dejar que sea el tiempo quien les acabe alejando; 3) conocerse, romper por fin con el anonimato y retirar el velo; enfrentarle al miedo que les causa no ser lo que el otro espera de ellos.
Desde el principio ambos se crean una imagen de la persona con la que están hablando, una imagen idealizada que es fiel al prototipo de belleza y de amor que tienen cada uno. Pero la necesidad de conocerse, de ponerle rostro a ese sentimiento conlleva el riesgo de que esa misma imagen no sea fiel a la que cada uno ha creado para sí y que la atracción se destruya al instante. Al final tendrán que sopesar qué es más importante en el amor: el contacto físico o la comunicación.
Daniel Glattauer consigue materializar en forma de novela ese sentimiento idealizado que todos sentimos hacia nuestra pareja, o hacia la persona de la que nos enamoramos. En realidad no nos sentimos atraídos por la persona que conocemos, si no por la persona que deseamos conocer. De ahí que después sucedan tantas rupturas. Me parece alucinante que este libro, escrito por medio de correos electrónicos -lo que sustituiría una novela epistolar clásica- sea capaz de plasmar tantos sentimientos, tantas imágenes y que, al final, nos muestre una historial real, con personajes reales y situaciones con probabilidades de sucederle a cualquiera en cualquier parte. Cuando estaba leyendo la correspondencia no dejaba de repetirme a mí misma que esta era una buena novela; y lo que la hace realmente buena, además de todas las características que he ido enumerando, es que, de pronto, olvidas que estás leyendo un libro y te ves a tí mismo como un ente invisible que se ha colado en la vida de dos personas para conocerlas desde dentro y compartir ese sentimiento que se obligan a reprimir. Te tomas la libertad de opinar sobre sus actos, de criticar su personalidad y, al final, casi sin proponértelo, te acabas enamorando de ellos.
Es una de esas novelas que te marcan, que sabes que no están escritas por casualidad y que, si no fuera por la época en la que vivimos, donde Internet alcanza y controla cualquier cosa, jamás podrían haber sucedido.